Aceptar lo nuevo para soltar lo perdido

Es común escuchar que para poder aceptar lo nuevo es necesario primero deshacernos de lo que teníamos antes. Pero esa visión es demasiado estrecha. Existen muchas razones por las cuales podemos resistirnos a dejar atrás lo ya vivido, sobre todo cuando eso fue algo valioso o significativo. Pocas veces se habla o se explora lo inverso de ese proceso: empezar a aceptar lo nuevo, la vida presente, para entonces poder dejar atrás la que ya se ha perdido.

Cuando se empieza a aceptar lo nuevo, entonces se empieza a reconocer que tiene algún valor. Si no se le acepta es porque, cuando nos empeñamos en compararlo con lo anterior, podemos llegar a la conclusión de que lo anterior era más valioso.

Pero ¿qué sucede cuando lo pasado, catalogado como lo más valioso, ya no puede ser recuperado en forma alguna? En ese caso estaremos empeñados en vivir solamente de recuerdos que, aunque nos neguemos a aceptarlo, a cada segundo se alejan mucho más de nuestras vidas.

El cerebro es capaz de crearse un mundo interior basado en las experiencias pasadas. Es capaz de vivir en un mundo de ideas que están muy alejadas de nuestra realidad presente. Es capaz de simular que nuestra vida no ha cambiado ni avanzado una sola hora cuando en el mundo real ya ha transcurrido uno, dos o hasta tres años.

Cuando eso sucede, es muy claro que no se termina de aceptar nunca que lo que se tiene ahora es igual o incluso más valioso que lo que se tenía anteriormente. Sin embargo, cuando se comienza a aceptar lo nuevo, cuando se comienza a darle el valor que tiene, entonces existe la posibilidad de empezar a llenar el enorme vacío que dejó nuestra vida anterior.

Así, es claro que el problema no se encuentra en aceptar que lo vivido antes ya se ha perdido sino en empezar a aceptar que lo que estamos viviendo ahora también es bueno. Posiblemente mejor que lo que teníamos antes.

¿Por qué es tan malo vivir de ideas, de ilusiones? No, no lo es. Lo malo es no aceptar que lo que se tiene ahora también forma parte de las ideas y de las ilusiones, aunque esté tan lleno de experiencia y de realidad.

Dr. Manuel Berumen Resendes