Encapsulación de las madres buscadoras
Alguien me comentó hace un rato que ayer “encapsularon a las madres buscadoras por su propia seguridad”.
Al respecto, estamos obligados a decir y aclarar que no existe tal cosa como la “encapsulación de la sociedad civil por cientos o miles de policías por nuestra propia seguridad”. Así no es como se resguarda la seguridad de las personas. La seguridad de las personas se resguarda todos los días evitando que sean desaparecidas, secuestradas, extorsionadas, torturadas, víctimas de trata o asesinadas. La seguridad de las personas se resguarda enjuiciando a los políticos, funcionarios y gobernadores que están asociados con el crimen organizado y no protegiéndolos para no pagar un costo político.
Lo que sí existe es la represión enmascarada de un supuesto acto humanitario. Las madres buscadoras no iban con el propósito de recibir la protección del Estado en ese momento. Una protección que se les niega prácticamente todos los días en los que arriesgan sus vidas buscando a sus desaparecidos. Y no solamente se les niega la protección, sino que además se les señala y se les persigue políticamente mediante comentarios despectivos hechos por los pregoneros del régimen.
Las madres buscadoras iban a ser vistas, a ser escuchadas, a que se viera que en un país en el que se gastan miles de millones en promover un evento también existe una realidad paralela: la realidad de casi 135 mil personas desaparecidas. Solo un Estado con tintes represivos es capaz de afirmar que nos quita nuestra libertad de expresión y nuestro derecho a la manifestación por nuestro propio bien.
Las madres buscadoras no iban a ser falsamente protegidas. Cualquiera que utilice la expresión “encapsular por seguridad” o bien está intentando insultar nuestro mínimo raciocinio, o bien está mostrando la más absurda defensa subjetiva por un gobierno que es capaz de inventar una narrativa para negar su verdadera vocación contraria a los movimientos sociales. Movimientos que un día apoyaron y utilizaron porque entonces les eran útiles para la construcción de un discurso social antineoliberal.
Es claro que el problema no es la encapsulación, sino las implicaciones éticas y políticas que dicha acción intenta encubrir. Encubrir bajo el manto de la protección lo que en realidad constituyó una contención solamente permite seguir evadiendo lo verdaderamente importante: la crisis humanitaria por la que seguimos atravesando desde hace ya casi 20 años y que cada día parece no tener fin.
Una crisis que este gobierno, al igual que los anteriores, es incapaz de resolver. Lo cual también muestra que esa incapacidad no proviene solamente de ineficiencia técnica o administrativa, sino de algo mucho más profundo y alarmante: ser parte del mismo problema. Es decir, el Estado es incapaz de enjuiciarse a sí mismo.
Dr. Manuel Berumen Resendes